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Otro Cancún, otras voces
Chac Ik Ha es rojo, es viento, es agua; una fuerza renovadora, tres elementos que nuestros ancestros mayas veneraron.
En el origen, los dioses creadores Gucumatz, Tepeu y Huracán (también conocido como Chac Ik Ha) guardaban en sus nombres los secretos de la creación, de la existencia y de la muerte, de la tierra y de los seres que la habitaban. Contemplaron la naturaleza original que se encuentra en las entrañas de lo desconocido y la luz se hizo en el seno de lo que aún no se había creado. Apartaron las aguas de la tierra y resolvieron la existencia de plantas y animales.
Más tarde creyeron conveniente dar vida a seres que hablaran y los veneraran, que fueran capaces de pronunciar los nombres de los dioses y los suyos propios. Fue así que primero los formaron de barro, pero no pudieron permanecer de pie y entonces hicieron otros de madera que tampoco fueron del agrado de los dioses y siguieron experimentando hasta que con maíz amarillo, morado y blanco, amasaron a los seres humanos quienes para sorpresa de sus creadores, resultaron perceptivos, lúcidos e inteligentes; supieron entender lo grande y lo pequeño así como la causa de esa diferencia.
Un instante después, los dioses Gucumatz, Tepeu y Huracán reflexionaron sobre su creación y determinaron que aquellos seres deberían contar con un conocimiento parcial de la realidad. Limitaron sus deseos y sus sueños y solo algo de lo que existe les fue revelado. El Popol Vuh explica que aquellos seres se engañarían con el secreto que guarda el orden dentro del caos.
Para los mayas históricos, Huracán era un dios creador y nosotros seguimos contando con un conocimiento limitado de la realidad. En la naturaleza no hay moral sino eventos y seres que dan testimonio de ellos. Nuestros ancestros ritualizaban dichos eventos y nosotros los vestimos con los adjetivos de la desgracia. La fuerza destructora del huracán Wilma nos ha permitido encontrarnos con las sustancias de la vida y de los seres, ha venido a limpiar nuestras aguas y con ellas; nuestros sueños y deseos han tomado un nuevo curso invitándonos a reflexionar sobre la solidaridad y las propuestas de un desarrollo humano que trascienda el interés primario de la diversión, el enriquecimiento desmedido y la simulación. Vista así, Wilma ha resultado una vacuna. Ha evidenciado en qué hemos fallado y en lo mucho que hemos aparentado. Se nos presenta una excelente oportunidad para reflexionar sobre qué clase de desarrollo humano, social y económico estamos reconstruyendo.
Cancún fue edificado con el frenético deseo de pertenencia, sin respeto a la naturaleza e ignorando sus ciclos. Hemos invadido los manglares, construido en las dunas y alejado los rumores de la selva con su tala desmedida. Reconstruir para seguir como antes, significaría que no hemos entendido la lección y sus consecuencias. Los cancunenses hemos mostrado solidaridad en la desgracia, ahora podemos seguir unidos con un sentido crítico y propositivo o podemos dejar pasar de largo esta oportunidad y su enseñanza, aparentando que no pasó nada.
Ahora las plazas comerciales están cerradas y para cuando abran, la mayoría de los cancunenses nos encontraremos con recursos limitados para seguir adquiriendo frenéticamente.
Wilma mostró nuestra fragilidad, nos quitó la soberbia, nos desnudó tanto en lo ambiental como en lo social; juntó las aguas, tiró las tiendas, volteó los árboles, movió a la gente, siguió soplando y embravecida… poco a poco mostró nuestra realidad social.
Es el momento de mirarnos de frente y luego a nuestro entorno, como sociedad, no podemos seguir permitiendo que algunos de nuestros hijos sean abusados sexualmente, que la violencia intrafamiliar sea una realidad tolerada, que nuestro desarrollo económico propicie la explotación laboral.
Es el momento idóneo para proponer nuevas alternativas de relación con la familia, con los amigos, con los vecinos (que ahora ya conocemos); nuevas formas de encuentro, de diversión y de descanso donde para ser felices no pensemos únicamente en la riqueza material. Ahí está la música, la danza, el teatro, la pintura, la escultura, los libros, la naturaleza, esperando nuestra atención para regalarnos su sabiduría.
En el origen, los dioses decidieron crear seres humanos justo después de que apareció la luz en el seno de lo que aún no había sido creado.
Ahora han surgido en nosotros valores que habíamos olvidado, hemos recordado que la fraternidad, la solidaridad, un abrazo con el vecino, el encanto de una sonrisa sin dinero de por medio, son las características que hoy tenemos para entender el orden dentro del caos y entender sobre todo, que los desastres que en alguna medida provocamos con nuestra ambición, no deben volcarse sobre nuestros sueños.
Recolector de voces: Claudio Obregón Clairin
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